L
a depresión y la ansiedad no se limitan a ningún estracto social o económico en particular, la vida ha puesto en una posición de expectativas y otra de realidad que tiende a ser más dificil para los millennials que generaciones anteriores. Muchos son descendientes de padres divorciados, por lo que están lidiando con las consecuencias del colapso familiar. Los padres actuales están trabajando varios turnos y por consiguiente están ocupados y cansados. En este sentido, la concepción nacida en los 80^ ha experimentado más cuidado infantil fuera de la casa que cualquier fecundación anterior, creando nuevos desafíos emocionales.
En comparación con otras generaciones, los millennials tienen otro estilo de vida: mayor competencia de mercado, elevada carga económica, no hay horarios de trabajo definidos y el uso de las redes sociales ha generado mayor ansiedad y privación de sueño.
La ansiedad es un estado de alerta que tenemos todos los seres humanos. Recibimos una señal de peligro y actuamos. Normalmente se manifiesta con excesiva preocupación, dolor de cabeza, gastritis, sensación de muerte y frecuentemente se descubre por otro profesional de la salud, quien lo refiere al psiquiatra, de acuerdo a la especialista en salud mental, la doctora Laura Pou Ottenwalder. ¨La ansiedad viene en muchas formas, pero la más sencilla de descubrirlo es cuando te sientes preocupado o nervioso por el futuro o las situaciones inciertas. En pequeñas dosis, la ansiedad puede ayudarnos y motivarnos a hacer las cosas; sin embargo, cuando aumenta, puede ser debilitante y tener efectos graves en la salud¨, añade la doctora Erika Altuve, especialista en crisis y trauma.
La Asociación Americana de Psiquiatría declaró a los millennials como la generación más ansiosa; no obstante, de acuerdo a la Universidad de Berkeley, en California, el 51% cuenta con las herramientas para mejorar la ansiedad. Altuve sugiere la técnica de relajación de probada eficacia llamada respiración diafragmática o abdominal, indicando, al mismo tiempo, que esta técnica puede ser muy útil; a pesar de que, no sustituye un buen tratamiento psicológico y más si la ansiedad es muy elevada y crónica.
Pou Ottenwalder superpone: comer mejor, meditación, yoga, mindfulness, fármacos, quien además sugiere hacer un chequeo anual con el psiquiatra; así como se realiza un chequeo físico.

La Asociación Americana de Psiquiatría declaró a los millennials como la generación más ansiosa; sin embargo, de acuerdo a la Universidad de Berkeley, en California el 51% cuenta con las herramientas para mejorar la ansiedad.
Estadisticas
Existen diversas estadísticas, opiniones y posiciones sobre sí las mujeres son más propensas a padecer de ansiedad en algún momento de sus vidas, en comparación con los hombres. Para la doctora Altuve, psicóloga clínica con máster en duelos y tanatologa, la mujer de hoy estudia, trabaja, logra metas que antes serán impensables proponerse y al mismo tiempo no abandonan su rol tradicional de madre, cuidadora, recolectora y protectora en la misma cantidad de horas de siempre, por lo que el conflicto de roles es real. Para la psiquiatra Pou Ottenwalder, ¨las estadísticas son difusas. Las mujeres tienden a ir más a consulta y a buscar ayuda en comparación con los hombres, mientras que estos se refugian en las drogas y el alcohol; por lo que hay más reportes femeninos¨
Zoilo García, psicólogo y director de investigación e innovación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, indica que la prevalencia mundial es de 3.6% (4 personas de cada 100 tienen algún trastorno de ansiedad); empero, en la República Dominicana es más alta, es de 5.7; es decir, 6 de cada 100 personas padecen este trastorno y aunque todavía se está investigando el tema, García establece que necesariamente no es por el factor económico.
RECOMENDACIONES
Conforme a la doctora Altuve, ¨los millennials están más dispuestos que las generaciones anteriores a consultar a un terapeuta y hablar abiertamente. Esta descendencia está erradicando el estigma en torno a la terapia y a quienes le recomienda abrazar la belleza de la imperfección, hacer todo con más pausa, empezar a construir límites, desconectarse de las redes sociales, adoptar rutinas simples, dejar el café y el azúcar naturalmente, implementar ejercicio diario y meditación.
Pou Ottenwalder enfatiza en hacer pausas en nuestras vidas a través de terapias alternativas, tales como: mindfulness, yoga o buscando ayuda profesional. Simultáneamente es oportuno aprender a decir no, poner límites de horarios de trabajo violentados por la inmediatez y el avance de la tecnología; buscar actividades que generen placer, no solo ingresos.